lunes, agosto 30, 2010

Las Ruinas, C. Scott Smith


El primer error fue dejarme llevar por un frenesí de compras, frenesí exacerbado por aquel engañoso 2x1. Mi segundo error fue confiar en ese viejo bastardo ex-alcoholico llamado Stephen King. Me explico, mi segundo error se debió a una critica positiva de este autor, lo malo es que olvide que el solo hace criticas positivas, exceptuando quizás, el caso de R. Laymont, aquel escritor de Novelucas gore, en las que el sexo y las entrañas humanas iban casi de la mano, descalificado por el Gran Maestro del Terror, provocando que quien esto escribe, en ese entonces un adolescente ávido de sangre y sexo, no dejara de poner sus manos encima de un par de sus novelas... el resultado es que tristemente le di la razón a King, la cantidad de recursos fáciles de este escritor me dejo un poco asqueado, cosa que no consiguió su descripción truculenta de vísceras y la sangre... Divago, volvamos a lo nuestro, King, ese vejete gruñón de Maine, describe esta novela como un constante grito de terror, y no miente; el grito de terror lo da el lector mientras se abre paso a trompicones por este fútil relato, y no observa mejoría alguna durante el desarrollo de la trama....


Una breve sinopsis:

Dos parejas de jóvenes gilipollas estadounidenses viajan a Cancun, México, a disfrutar de las vacaciones antes de entrar de lleno a la vida universitaria. Durante sus estancia se relacionan con algunos turistas griegos y uno alemán. El turista alemán, que iba acompañado por su hermano hasta que este se lanzo como en perro en celo tras la primera mujer que le guiño el ojo, les convence de que le acompañen cuando va en su busca. Alegremente se internan en la jungla, jungla parcialmente inexplorada, hasta encontrar, ayudados por un mapa dibujado en una servilleta, el lugar en el que se localiza el campamento de la dulcinea del hermano del alemán, en ese momento se ven rodeados por feroces indios mayas, que les impiden abandonar el lugar. Poco a poco descubren que están a la merced de una malvada e inteligente planta devora hombres, y cuya savia es similar a sangre de alíen rebajada con lejía...



Y no hay mas. Los personajes son mas bien acartonados, planos, carentes de vida y antipáticos, la trama es absurda y nunca llega a convencer, es el equivalente de una película de serie B llevada al papel de mala manera que por momentos se vuelve tediosa y el amable lector se sitúa en el perimetro de la colina, sin poder salir de ella deseando que el fin llegue pronto, que algún Dios piadoso acabe con sus sufrimientos, y eso, el aburrimiento, es lo que acaba con esta novela, ni siquiera los momentos de tensión logran reavivar el interés, ni siquiera una amputación sin anestesia realizada con un cuchillo de cocina, ni siquiera la muerte de alguno de estos sosos tocacojones logra alegrar un poco las cosas. Es una pena, que el señor King, que escribió un cuento excelente en el que un hombre se amputa y devora asimismo abandonado en una isla desierta, sin mas asistencia que la de sus propias manos, es una pena que este hombre de probado talento y que hace fácilmente creíble situaciones surrealistas, le de el visto bueno a una obra mas bien mediocre. Si podéis alejaros lo mas rápido posible de ella.

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