sábado, octubre 23, 2010

Acid House, Irvine Welsh

A través de veintiún cuentos y una novela corta Welsh nos transporta de nuevo a las vidas y casas de los mas diversos personajes, casi todos atrapados por un denominador común; el fracaso. Y este se exuda a través de cada pagina, de cada párrafo; desde el perdedor sin remedio convertido en mosca por gracia Divina, hasta el grotesco intercambio de personalidades entre un neonato y un fanático del fútbol, todo ello con un extraño sentido del humor, dejando de lado lo políticamente correcto y haciendo observaciones que en otro autor fácilmente se tacharían de cualquier "ismo" por el lector mas sabihondillo, y es que al retratar de una forma tan cruda a la sociedad inglesa logra involucrar de tal modo al lector, que este deja de lado los prejuicios auto-inculcados y se sumerge con alegría en los infiernos artificiales de Welsh, tomando partido por el listillo de turno y sus agudas observaciones acerca de la sociedad que lo rechaza, o mirando por encima del hombro y con una mueca de desprecio por su hipocresía a la mujer cuya hija acaba de rendir tributo a la reina madre. Estos cuentos, en conjunto, parecieran querer crear un panorama que de un buen vistazo a buena parte de la sociedad inglesa.
La novela corta, Un Listillo, nos presenta al típico hijo de puta que cree saber mas que los demás, mas que los demás acerca de casi cualquier cosa, y que poco a poco va tirando por aquí y por allá sin ningún objetivo, dejando pasar oportunidades con orgullo, y que conforme pasa el tiempo se siente cada vez menos satisfecho consigo mismo, cada vez mas necesitado de la aprobación de sus congéneres, descendiendo en una alucinante y lenta espiral de drogas y de mierda... tras superar la breve repugnancia inicial que sin duda inspira el protagonista, las cosas se nivelan, y si bien nunca logra inspirar simpatía, al menos llega a un punto medio en el que dejas de desearle una brutal y cómica muerte.

A vuelo de teclado...

... después de todo el lector siempre puede llegar a pensar: "Yo nunca fui tan hijo de puta", y es algo que tal vez se pueda reprochar al mismo lector; la malsana satisfacción que se obtiene al observar a alguien mas jodido, física y mentalmente y disfrutar de no serlo el mismo... tal vez sea esa malsana satisfacción lo que hace tan divertido leer a Welsh, a pesar de su afán de presentarnos uso continuo de drogas, parafilias, violencia y todo tipo de escenas desmoralizantes, nos sigue atrayendo, y tal vez nos atrae porque no nos jode la mente un poco mas, tras leer a Welsh no te sentirás agotado, te sentirás satisfecho y hasta, tal vez, un poco mas generoso y menos infeliz de lo habitual. Imprescindible.


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