domingo, octubre 17, 2010

Farenheit 451, Ray Bradbury


Mi primer encuentro con Ray Bradbury fue a través de un libro de texto gratuito, en ese entonces estudiaba la primaria, y no lo recordé hasta que años después, mientras leía Crónicas Marcianas, me vi atacado por un poderoso Dejà Vu, situación que atribuí a la alucinante (literalmente) capacidad que tiene Bradbury para evocar sensaciones en el lector. Cuando leí por segunda vez este libro, hace uno días, me soprendi por lo profético dentro del contexto político y social que resulta... también me asusto un poco a ver pasado por alto en la primera lectura cuestiones que ahora parecen demasiado claros, además de recordarme a algún documental de M. Moore, pero no por el titulo, sino por la forma en que coinciden las ideas, la idea de que la gente puede/es dominada por el miedo injustificado hacia algo/alguien, la idea de que mientras que la mezcla y rápida sucesión de información impide al receptor comprenderla, evaluarla, reflexionar al respecto...




Bradbury, con maestría, lo resume en un corto parrafo:

- Acelera la proyección. Montag, aprisa. ¿Clic? ¿Pélicula? Mira, Ojo, Ahora, Dentro, Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué, Dónde, ¿Eh? ¡Oh! ¡Bang! ¡Zaz!, Golpe, Bing, Bong, ¡Bum! Selecciones de selecciones. ¿Política? ¡Una columna, dos frases, un titular! Luego, en pleno aire, todo desaparece. La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos que lo editores, exportadores, locutora, que la fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una pérdida de valioso tiempo.


El mundo de farenheit es solo un poco diferente al nuestro, en el la sociedad se encuentra sometida a la voluntad de un gobierno que nunca se muestra, reduciendo al individuo a un educado consumidor. Montag, el protagonista, es un bombero y como tal su trabajo consiste en encontrar e incendiar cualquier libro que encuentre. Los libros contienen ideas, y esas ideas al no ser controladas pueden ser peligrosas. Y así siempre ha sido, la gente esta acostumbrada a que asi sea, a las cosas faciles y digeridas, después de todo el humano siempre prefiere la vía del menor esfuerzo. Un día Montag conoce a Clarisse, su vecina, una jovencita peculiar que tiene la costumbre de cuestionar y que ha sido educada de forma mas bien heterodoxa, y que rápidamente se convierte en su amiga, una amiga que lo aleja del negro panorama familiar; donde las hemodiálisis y lavados gástricos de urgencias se han convertido casi en una rutina para la esposa de Montag...
A lo largo del libro Montag cambia, dejando a tras su cómoda posición como bombero, reflexionado, tomando decisiones y viviendo con las consecuencias, buscando, pues, algo mas que la felicidad prefabricada que parece estar tan fácilmente a su alcance.
Las ideas que desarrolla Bradbury en esta novela parecen cada vez mas validas; la forma en la que se controla la información, y en la que se nos pretende decir que sentir y que pensar en cómodas cápsulas de pocos minutos es poco menos que grosera. Su defensa de los libros como contenedores de información es lucida, dejando bien claro que se tratan mas bien de eso de los contenedores de ideas, y que si estos contenedores se transmutan no debe ser malo, siempre y cuando contengan ideas valiosas, no mierda predigerida.
Es una novela oscura, con un final mas o menos luminoso, y que se disfruta pagina tras pagina, además es de esos libros que al menos en mi, siempre dejan un sabor a nostalgia, releerlo es como visitar un viejo amigo, o viajar por unos instantes al pasado. Imprescindible.

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