miércoles, noviembre 10, 2010

Días de Combate, Paco Ignacio Taibo ll

«Y el tiempo paso, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido...»

La Novela.

Héctor Belascoarán Shayne esta Jodido, tras renunciar a su empleo y abandonar a su mujer, se ha convertido en detective privado, sin clientes, sin ingresos y a pocos días de cumplir 31 años. Ya puesto, decide darle caza a un estrangulador.

Y es que en diferentes lugares de la ciudad van apareciendo mujeres estranguladas a mano, y en las que, como una burla, su ejecutor estampa su firma; Cerevro, aterrorizando a la ciudad, y Belascoarán, buscando algo que le arrebate del hastío de la vida decide enfrentarlo, ofreciéndose en sacrificio al estrangulador a través del morbo de un programa de concursos.

Consigue una maquina del tiempo, ¡viajaras!

A la misma vieja ciudad de hierro, tal vez menos poblada, quizás menos hipertrófica, pero con los mismos hijos de puta jugando al ajedrez muy por encima de nuestras cabezas, la misma corrupción, la misma mala leche, los mismos policías incompetentes, y en medio de ella, Belascoarán, mas jodido que el promedio decide dar un poco la cara por quien esta todavía mas jodido que el, sin demasiadas explicaciones y aun menos metafísica inicia una guerra santa en contra de un sistema al que no puede tocar, y, que por gracia divina, se ha materializado en forma de estrangulador.

Es una novela corta que se lee rápido, y te hace imaginarte, incansable, aplanado las calles a horas de la madrugada, con un cigarrillo en los dedos y una fanática determinación en la mirada; los personajes secundarios (el inolvidable Gómez Letras, plomero surrealista donde los haya, el politizado Carlos, o la casi etérea Muchacha de la Cola de Caballo) rebosan carisma, el antagonista, sin embargo, siempre me ha parecido un poco plano, sin acabar de cobrar forma hasta el final de la novela, y en realidad no es una novela de detectives al uso, las investigaciones no acaban de convencer al lector acostumbrado a que todo encaje al dedillo y cuando al fin se revela la identidad del estrangulador esta no sorprende, quizás transmitiendo el desencanto y ese cierto aire amargo que caracteriza a algunos mexicanos, pero eso si, retrata como pocos a una ciudad que aunque algo vieja sigue siendo la misma, solo que los personajes se encuentran un poco mas (o menos, según el caso) maquillados... la calidad del conjunto es incuestionable. Imprescindible.

A vuelo de teclado.

Tal vez sea algo que note al leer a R. Chandler, tal vez sea solo una extraña idea fija mía, pero el peso principal de una buena Novela Negra recae sobretodo en la capacidad de identificarte con el protagonista, de viajar cómodamente sentado en su hombro e imaginar que tu, en circunstancias, tendrías los cojones bien puestos y harías lo correcto, simplemente porque lo es.... Es el caso de Philiph Marlowe, y en esta novela Héctor Belascoarán Shayne, sienta cátedra.

Y... ¿acaso no da miedo pensar en que la realidad es casi siempre mas sorprendente que la ficción? sobretodo en un país en que hemos acuñado un termino, bastante desafortunado, para describir los homicidios de mujeres, el mismo país descrito en esta novela, la misma mierda pero revolcada..., aunque en la estúpida vida real no tenemos un Belascoarán que salga a los caminos a desfacer entuertos... y, ¡puta madre!, que falta nos hace.

2 comentarios:

  1. nada mas por recordar aquellas epocas cuando tuve cuates que prestaban libros
    de añorados olores, peso y textura, sin faltar a la hora de salir –acompañando a los cigarillos- y a los amigos en el camino a la escuela.
    Nunca tuve paga suficiente para comprarlo y pensé encontrarlo acá, ni modo al fin esa paga es la que mantiene al PIT II.

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  2. Si consideras lo mucho que escribe PIT ll, son muy pocos los libros que están disponibles, sin embargo siempre es bueno darse una vuelta por la Biblioteca: http://ebiblioteca.org/?/buscar/
    Si, yo también echo en falta esos despreocupados días de cigarrillos y vinos de precio ínfimo. Ausencia de responsabilidad y total falta de visión a futuro... buenos tiempos al fin y al cabo.

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