miércoles, diciembre 22, 2010

Estrella Doble (1956), R. A. Heinlein.

Lorenzo Smithe, o el Gran Lorenzo como el prefiere que le nombren,  es un talentoso actor sin demasiada fortuna hasta que un buen día Dak Broadbent Piloto espacial lo contacta en un bar para ofrecerle el trabajo mas difícil de su carrera; suplantar a John Joseph Bonforte, conocido político y principal ideólogo del partido expansionista, que hasta a punto de unirse a un nido marciano, y con ello sera aceptado como un marciano mas, además de buscar que el resto de los seres conscientes no humanos se integren al imperio de la humanidad...

Lorenzo que es contrario al partido expansionista y algo xenófobo se ve obligado a dejar de lado sus prejuicios, obligándose a cumplir con un papel que exige que incluso personas cercanas a Bonforte no puedan reconocer la suplantación,  y colocándose  sin quererlo en el centro de una telaraña de conspiraciones políticas de muy alto nivel cuyo objetivo es sabotear la plataforma entera del partido expansionista...

¿Marcianitos?

Recuerdo que en alguna ocasión el Buen Doctor, Issac Asimov lamento (tal vez un poco celoso) de que Orwell en su 1984 no pudiera imaginar un estupefaciente mas "futurista" que la ginebra, y mientras leía el ensayo no pude mas que objetar en silencio la queja de Asimov como una soberana tontería, pensando en ello es que escribo el siguiente párrafo:es una novela vieja y Heinlein decide usar criaturas extraterrestres inteligentes de Marte, pero esto no repercute en lo mas mínimo en la trama, y si molesta es de lo mas sencillo solucionarlo, donde se lea marciano, imaginad que dice: Gryuysuydiadno, que se encuentra en un sistema planetario a algunos años luz de la tierra y se acabo.



A Vuelo de Teclado

Es una novela donde la acción tiene un papel importante, con persecuciones, descuartizamientos, disparos y todo tipo de situaciones conocidas que se llevan a cabo con maestría, sin embargo lo que mas destaca es el sentido del humor y los diálogos entre el protagonista y los viejos amigos de Bonforte, así como su extraño orgullo profesional que aun a regañadientes lo llevan a cumplir con lo pactado, quizás su principal defecto reside en la ausencia de un antagonista directo pero a pesar de ello nunca pierde el ritmo, aunque ya cerca de la mitad del relato podrás intuir el destino final de Smythes ello no disminuye el interés por la historia, por si fuera poco fue gano  su primer Premio Hugo (1956.)  por esta novela. Recomendable.

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