lunes, noviembre 14, 2011

Cita.

Ni siquiera parecía una chica de verdad. Era como las que aparecen en la ilustración de cubierta de las novelas policiacas, semidesnudas al lado de una pistola grande, Las rubias dispara primero o Muñeca calibre 9, o algun título parecido. Era rubia como las rubias imaginarias, con un vestido tan ajustado que, cuando el juez la invitó a sentarse, nadie comprendió por qué, no se le había abierto como una vela azotada por el viento. Los tacones eran tan altos y finos que incluso sentada, tras haber jurado decir la verdad, parecía preparada, más que a huir, a volar; y, entre el rojo diablo de los labios, el negro mortal de los ojos, el madreperla inverosímil de las uñas y el enorme bolso amarillo resplandeciente sobre el vestido blanco, todos los detalles invitaban a pensar en lo mismo que ya pensaban y habían pensado todos enseguida...

Los siete pecados y las siete virtudes capitales, Lujuria, Giorgio Scebanenco (1911-1969)

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