jueves, enero 26, 2012

El Alamo (2011), Paco Ignacio Taibo ll

Remember the Álamo!

Uff, siempre he creído que este grito debería ser motivo de vergüenza para el gringo promedio pero no es así, y es que tampoco se puede esperar demasiado del gringo promedio. Me explico, cuando Santa Ana después de tomar el Álamo pasó por las armas a unos gringos revoltosos, esclavistas, y bastante taimados, el resto de los ladronzuelos mitificó los acontecimientos de una forma tal, que los gringos que murieron defendiendo (robando) el Álamo alcanzaron cotas de heroicidad inimaginables. ¿Por qué? Bueno, a los gringos les gusta pensar que la revolución texana fue un acto justo, heroico y del cual deben sentirse orgullosos, les gusta pensar que es Masada protagonizada por gringuitos ojiazules, güeritos y con gorra de mapache enfrentándose contra legiones de tipos pardos, salvajes y bárbaros. Olvidan, por supuesto, que se trató de un despojo realizado por un puñado de esclavistas en un territorio en el que estaba prohibida la esclavitud, olvidan que sus supuestos héroes murieron pidiendo clemencia ante los bárbaros y semi-humanos mexicanos... Por supqesto, la guerra se perdió, pero el mito continua, sin embargo, ahora el bueno de PIT ll, nos lo devuelve a la memoria.
El hotel de la senectud.

Hace algunos meses dejé de trabajar por una semana. Pasé esta semana completa descansando en un hotel en el que yo era la persona de más "color" del lugar; mi fenotipo es pardo.

El hotel de la senectud se encontraba habitado por grandes cantidades de ancianos gringos "pro", se paseaban mostrando tatuajes en sus pieles laxas, mientras chateaban o enviaban correos desde sus laptop-manzanitas, y fingían leer la interesante biografía de Steve Jobs, o alguna noveluca de Tom Clancy, o los más High-tech, se jodían lo que les quedaba de vista, en plena piscina, con sus iPads... En realidad  todo eso lo hacían sólo para dejar pasar el tiempo un poco en lo que llegaba el más ansiado momento; la hora feliz, en el que, como una manada de manatíes en celo, se lanzaban presurosos en pos de algún vaso de vodka (Oso Negro, pero cuando se llega a cierta edad ya nada importa). Yo, tan sólo para desentonar, leía un libro en cadáver de árbol, bebía cerveza en cantidades industriales, y lanzaba juramentos que harían sonrojar a la matrona de una casa de putas... Y es que... este tipo de gringos suelen ser tan condescendientes que dan un poco de asco, supongo que es por la culpa, supongo que también, quieren mostrar un poco de conmiseración en favor del pobre infeliz mexicano, y por ello se comportan de una forma demasiado amable, lo cual por supuesto, sólo puede provocar rechazo de quien recibe estas atenciones no solicitadas. Por supuesto (y ésto es sólo una sospecha) que el color de mi piel les provocó un ineludible sentimiento de culpa, sentimiento de culpa que pretendían menguar con una empalagosa (y por ello despreciable), actitud absurdamente amistosa. Y puedo afirmar que es absurdo por que todos saben que G no despierta muestras espontáneas de simpatía. Supongo que muy en el fondo de sus obnubiladas consciencias, muy por debajo en un lugar obscuro donde sus axones neuronales se retuercen escupiéndose neurotransmisores entre sí, ellos saben que descienden de asesinos y ladrones, y que ahora, se pavonean en la pequeña parte de territorio que no les dio la gana robar... Tal vez suene amargo, pero sólo constato un hecho.


 

A vuelo de teclado.

Volvamos con PIT ll, con la prosa ágil a la que nos tiene acostumbrados va mostrando diversas vertientes e interpretaciones de lo que fue El Álamo, y cómo se construyó el mito en torno a él, de cómo (gringuitos estúpidos), se vanaglorian de que en El Álamo peleaban por la libertad..., la libertad de esclavizar a los negros y despreciar a los pardos, amarillos, etcétera, del papel de Disney y de John Wayne, del descaro de Bush hijo, y muchas otras cosas. Imprescindible.

PS.

En más de un momento PIT me recordó a Michael Moore, y eso, como dice el profesor de los cereales Sharp, no tiene nada de malo.

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