sábado, enero 14, 2012

La sombra sobre Innsmouth (1936) H. P. Lovecraft.



Estúpido G vetusto y amenazador, ve al grano, suplicó mi segundo lector, mientras con qn gesto de impotencia y desesperación se llevaba las manos a la cabeza, observándome con mirada confusa y a la vez amenazadora. No divagues, continuó con insolencia, a nadie le interesan tus arcaicos recuerdos y tus polvosas remembranzas, dijo con su habitual falta de tacto, a lo cual contesté, con desparpajo, ándate al carajo y que te den por el culo; es mi blog, y me lo tiro cuando quiero. Además, llevo sesenta días sin fumar, no estoy de humor. Así pues, si has continuado leyendo ya estás listo para otra aventura más del pequeño G y su máquina del tiempo, ¡bienvenido seas!

Acudía al segundo año de la educación secundaria. Más o menos. Reescribamos; de forma aleatoria acudía a las clases del segundo año de la educación secundaria. Las clases me aburrían. Los maestros me aburrían. Mis compañeros me aburrían, al menos cuando no forcejeaba con ellos para lanzarlos al interior de un mingitorio, un bote de basura, o el baño de las niñas, o cuando no observaba a alguno de mis profesores saliendo del putero más cercano (a unas tres cuadras de la escuela) en completo estado de ebriedad. Cuando nada de esto pasaba, el tiempo transcurría con exasperante lentitud. Era mejor no ir a clases. Uno de esos días, y haciendo gala de mi falta de criterio, pasé la mañana en compañía de un amigo, un tipo forzudo y taciturno que consideraba que G siempre tenia buenas ideas y que nunca tenia inconvenientes en llevarlas a cabo. En el centro comercial compramos cheetos, frutsis, y nos preparamos sin aspavientos para un pequeño banquete mientras contemplábamos el estúpido mundo tirados en el pasto de un parque cercano. Pero mientras pasábamos por la caja del diminuto centro comercial me encontré con un libro pequeño y azul, cuya portada me recordó las ilustraciones de Byrne en el juicio de Reed Richards, y que, además, sólo costaba tres pesos. En la portada se leía; El horror de Dunwich, H. P. Lovecraft, Alianza editorial. Lo compré. Lo leí. El mundo nunca volvió a ser el mismo.

Horror Cósmico. Miedo primigenio. Terrores arquetípicos.

Los tipos listos suelen comentar: Lovecraft, escribió una y otra vez la misma historia y siempre igual de mal. Los tipos listos, mientras piensan en su siguiente frase lapidaria suelen posar la mirada en el horizonte, mientras limpian distraídos una mancha imaginaria de sus anteojos rojos con armazón de pasta, los tipos listos nunca se imaginan a sí mismos arrastrándose a gatas por el piso, mientras buscan a tientas alguno de sus dientes. Como son listos saben que si lo rescatan es posible que el heredero del barbero les coloqqe una férula. Los tipos listos me exasperan.


Lovecraft tuvo una vida peculiar, pero fue mencionado en Animaniacs, así que muy, muy malo no pudo ser. Es verdad que su prosa es rimbombante y que suele abusar de la narración en primera persona, también es verdad que algunos de sus relatos destilan racismo, pero amaba a los gatos, así que muy, muy malo no pudo ser, todos estos defectos hundirían en el olvido a otros autores, pero Lovecraft se mantiene a flote gracias a una sola cosa; su imaginación.


A vuelo de teclado.


La sombra sobre Insmouth...


Un viajero curioso se adentra en una comarca que la mayoría evita, esta se encuentra poblada por personas plagadas de estigmas que algunos atribuyen a la práctica consuetudinaria de la endogamia. Además profesan una extraña religión, realizando ritos relacionados con ella de forma cíclica, el viajero, sin hacer caso a su buen juicio continúa indagando y cada nuevo descubrimiento tuerce un poco más la realidad...


Los sueños en la casa de la Bruja.

Un estudiante pobre de matemáticas se aloja en un edificio de pésima reputación, murmullos temerosos se escuchan acerca de él entre los habitantes mas supersticiosos de la comunidad. Ocupado por sus estudios y elucubraciones acerca de física teórica, el estudiante pasa por alto estos comentarios, hasta que a través de sueños, entra en contacto con la bruja que ocupaba su habitación; entrelazando sus conocimientos matemáticos, con el saber arcano que posee la bruja. De la mano del narrador vemos como poco a poco las barreras entre ciencia y misticismo se desdibujan, mientras  nuestra razón se extravía en algún lugar del camino, esta es la principal virtud de Lovecraft; te coloca en el papel del protagonista racional, mientras la realidad, o tu percepcion de ella, se retuerce y se desmorona a tu alrededor. Es por ello que cuando leí por primera vez este relato me provocó miedo. Ahora, al releerlo cierta sensación de desasosiego se desliza entre mis neuronas, y mientras aporreo el teclado de la netbook, no puedo evitar mirar en los rincones, la noche es fría, se acerca una tormenta, el segundero del reloj se escucha con monótona regularidad, y a lo lejos la alarma de un auto rasguña el silencio de la noche... de nuevo, tengo miedo. Imprescindible.

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