miércoles, julio 11, 2012

México 2012: Post-Marcha.


No hay nada más duro que un mexicano duro, igual que no hay nada más amable que un mexicano amable, ni más honrado que un mexicano honrado ni, sobre todo, nada más triste que un mexicano triste. Aquel tipo era decididamente pétreo. No los hacen más duros en ningún sitio.

R. Chandler. El largo adiós. (1953)

Me da la impresión de que a Raymond Chandler le faltó apuntar: "No hay peor hijo de puta que un mexicano hijo de puta" y estoy pensando en Peña cuando lo digo. Recién escuché el argumento falaz en toda regla de que no se descalifica a Peña como persona, padre, pendejo, asesino o puto, sino únicamente como político... Lo cual no deja de ser absurdo, al menos hasta que se pueda dividir químicamente cada una de las facetas de la personalidad de un ser humano, éste debería ser juzgado en conjunto... Y no me refiero a que todo sea blanco o negro, creo que hay una infinita cantidad de grises. Sin embargo, con la inmensa responsabilidad que Peña parece desear echarse al hombro, un poco de exigencia nunca será demasiado. ¿Seré el único pendejo del mundo que espera que el presidente de una nación sea algo extraordinario?



Breve crónica.

1.- Metrobús.

Es sábado. Acabo de salir de trabajar y no he dormido. J está a mi lado mientras abordamos el Metrobús. Llevo mi mejor atuendo de pseudo-gili  (gorra negra con el logo de Rolling Stone, playera negra, con el logo de Jack Daniel's, pantalón de mezclilla, tenis Spalding y mochila negra de mensajero.) En la estación en la que abordamos, un grupo de jovenzuelos enarbola pancartas, grita consignas. Cuando por fin consigo un lugar dormito por algunas estaciones, con la barbilla apoyada sobre el pecho. A lo lejos un tipo gordo, con acento fresa, tez blanca y barba desaliñada  comenta con voz aguda: "Sí, yo fui socialista, cosas de cuando uno es joven. Leía mucho... a, ya sabes, el español ese, ah sí, a Ortega (¿y Gasset?, me pregunto perplejo...), pero pronto comprendí las ventajas del capitalismo. Jo, jo, jo." J lo mira con algo parecido al desprecio y me dice: "Entonces, si tan bien le fue con el capitalismo ¿por qué viaja en Metrobús?"

2.- Reforma

Abandonamos la estación del metrobús, son las 15:30 horas y caminamos con un poco de prisa. Yo, como siempre, estoy desorientado y decidimos seguir a la muchedumbre. Ya de lejos se ve quién va rumbo a la marcha. En la esquina de una gasolinera, con los brazos cruzados sobre el pecho y con una motocicleta al lado un tipo con máscara de luchador de color rojo y mirada un poco torva, contempla a los que nos dirigimos a la marcha. Llegando a Reforma, en la esquina observamos una multitud vociferante: gritos, pancartas, batucada. Desde el camellón observamos un rato antes de integrarnos.

3.- Trayecto.

Me siento un poco raro. La última vez que me integré a una marcha fue sobre avenida Juárez y lo hice por pura calaverada. En esta ocasión no puedo evitar sentirme un poco fuera de lugar: la gente canta, brinca y vocifera. A pesar del encabronamiento subyacente se respira un aire festivo, poco a poco con una timidez que no me caracteriza, comienzo a aflojar la lengua y a ejercitar los pulmones, en unos minutos me escucho cantando con la multitud. Es lo que tiene un encabronamiento sincero, se contagia.



Caminamos y caminamos, y algunas calles y edificios me recuerdan sucesos: aquí le menté la madre a una pareja de ancianos españoles, por aquí me echaba a leer en lugar de ir a la secundaria, por allá pasaba después de comprar libros viejos. Unido todo ello a la sensación de caminar como parte de la multitud, hace que sea fácil ignorar el calor. Aunque ocurren un par de hechos reseñables: a la vera de nuestro camino, un pendejo (un simpatizante sincero del PRI), lanza invectivas: "¿cuánto les pagaron? ¿cuánto les pagaron?" grita. Incrédulo, yo me río, y la gente a mi alrededor le mienta la madre. El pendejo continúa ahí, petrificado o desafiante, ladrando muy fuerte, y por momentos la marcha (esa pequeña sección de la marcha) amenaza con detenerse... Hasta que alguien canta: "No violencia, no violencia", y decenas de voces se le unen... El pendejo se ha salvado y dudo mucho que sepa la buena suerte que tuvo.


Metros más adelante una camioneta tipo van, con los asquerosos logos de televisa en cada costado, se ve detenida por un semáforo sobre Reforma. De inmediato la gente la ve y el resultado es obvio: "¡Culeros! ¡Culeros!" ruge la multitud y el pobre conductor parpadea, dos, tres veces, deseando sin duda, que el alto dure menos... El pobre cabrón me da un poco de lástima, pero ni modo así es la suerte.

¿Qué más puedo contar? Las referencias Frikis abundan: 1984; V de Vendeta el cómic de Alan Moore citado en inglés; los tipos de anonymous que ya han hecho suya la imagen de V; los enmascarados de lucha libre; las pancartas en alemán, francés, portugués e ingles pidiendo ayuda internacional, etc. Unos tipos con cara de PJ, traje recto, dos botones y gafas oscuras, observan impasibles a la gente frente al palacio de Bellas Artes. Alguien los arenga, les reclama, trata de contagiarlos con un poco de consciencia... ellos permanecen, así, impasibles. Unos metros más adelante, un hombre de rostro enjuto, carne morena y pelo entrecano, vestido con un traje gris que le viene un poco grande, al observar la marcha lanza una porra, lanza vítores, la multitud le contesta: "El pueblo, consciente se une al contingente"... y el hombre duda un instante, pero claro y feliz, comienza a caminar a nuestro lado... ¿A que no es bonito, cabrones?. 


Yo siempre he dicho que este país está de la chingada, acepto que vivo en un estado de encabronamiento constante por la corrupción, la violencia y el cinismo de los de arriba, pero en días como éste, en días de sol y de catarsis me da por pensar que después de todo, no somos tan pocos. ¿No fue Sábato el que dijo que un cínico es un idealista decepcionado?


4.- Ven a llenar el Zócalo de Besos.

No hay más que añadir, llegamos al Zócalo, cantamos el Himno Nacional, y J me dijo que sí. Ni una palabra más.

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