jueves, octubre 04, 2012

México 2012: 2 de octubre no se olvida.



 

Desperté cerca de la una de la tarde, me dirigí a la computadora y comencé a escribir mal de cierta lectora de noticias con aires de diva y periodista, recordé que era menos repelente cuando sólo leía noticias en el canal Eco, que hoy ya no existe, antes de que alguien le comprara un diccionario de sinónimos y la pendejuela comenzara a darse aires de diva y periodista. Pero era dos de octubre. No es lícito pasar el día descansando, entregado al hedonismo y rascando con deleite el polo inferior de los cojones cuando es dos de octubre. Hay que salir a las calles. Ellos tienen el poder, nosotros tenemos las calles, hay cosas que no se olvidan.


Joaquín Sabina canta: "en México lindo tiraban a dar", mientras que Óscar Chávez nos recuerda que hubo un México 68, así que me alejo del teclado,  dejo de lado el pad y  me doy un baño.  Cargo la cámara y salgo presuroso a corretear un micro, llego a Tlatelolco y me encuentro con un pequeño contingente de la ENAH, preparándose para ir a la plaza de las tres culturas.










Paco Ignacio Taibo ll, tiene razón: en la ciudad de México se puede palpar el peso de la historia. Asusta. Camino por la plaza de las Tres Culturas, con los párpados semicerrados y los hombros caídos, por aquí y por allá se ven pequeños grupos, jóvenes, escuchan y asienten cuando alguno de los sobrevivientes recuerda lo que pasó ese día. Me siento solo. No es cool asistir a una marcha solo, mucho menos recorrer un lugar plagado de tan funestos recuerdos en una fecha como esta, asi que comienzo a tomar fotos, rápido y a lo pendejo. Pero me tomo un momento para leer la lápida; digan lo que digan es una lápida, o si se quiere un túmulo,  pues indica precisamente el lugar en el que mucha gente murió, y está ahí y no deja que olvidemos. Así que leo y después de leer observo el cielo azul surcado por nubes grises que no dejan ver el sol. aunque se adivina su presencia detrás de ellas.






Vuelvo a la calle y al girar la vista, observo un auto gris, con tumba-burros y placas de la Secretaría de Seguridad Pública, funesto y cínico observando. De inmediato lo fotografío y le doy la espalda. Sin embargo, de forma instintiva volteo nuevamente (nunca debes  dar la espalda a un policia o a un enfermo mental) y veo que un montón de playeras azules se acercan. 5antos, que no 5antuaristas, se integran a la marcha, son pocos, pero aquí están, y aunque he de confesar que yo fui de los que dijo: "Puto 5anto, pinche otaku de mierda", también seré sincero y no negaré que se le echa de menos.












































Como a tres tiros de flecha se concentra mucha gente, así que me apresuro y me uno a la multitud, caminamos, se escucha música, consignas, se baila y se grita, hasta que pasamos por debajo de un puente y la oscuridad se hace intensa, por medio segundo puedo escuchar el ruido de mis pasos, hasta que alguien grita: Goooooya, y un breve escalofrío recorre mi espalda. Cierto, nunca he sido particularmente fanático de la UNAM, de mi UNAM, de nuestra UNAM, pero... ni que escribir tengo que me uno a la porra, y me desgañito mientras alguien pinta bardas, pinta consignas que algún automovilista cansado leerá en uno de los cotidianos días de trafico y tal vez le haga sonreír o le ilumine la esperanza. No es poca cosa.


















Y cuando se hace la luz, casi como si de un reto se tratara las banquetas están cercadas por granaderos, apoyados en sus escudos y con su equipo anti-motines completo, observan con ojos vacíos a la multitud, simplemente eso, observan con ojos vacíos... aunque su presencia, su sola presencia eso sí, ofende. Así que me desquito tomando fotos. Igual que muchos a mi alrededor las cámaras, apuntan en tropel hacia los pinches granaderos. Click. Click. Click. Se ven incómodos, desvían las miradas, pero eso no nos conmueve. Click. Click. Click.













Por fin llegamos al Zócalo. Estoy agotado. Dos horas de caminata me bajan las pilas. Ni siquiera sueño con ir al senado. Ya de regreso a casa, a un costado de Bellas Artes, me encuentro con las personas del video de entrada. Ni que decir. Después de todo las cosas no están tan mal, ¿verdad?

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