jueves, junio 27, 2013

El gran Gatsby (1925) F. Scott Fitzgerald

Gatsby es, como se suele decir, un acertijo envuelto en un gran montón de mierda, rodeado de lujos derrocha su interminable fortuna regalando a los parásitos y gente bien de la ciudad con una fiesta que no parece tener fin, con tan sólo breves pausas para recuperar energía. Mientras tanto los convidados especulan acerca del modo, tal vez ilícito, mediante el cual Gatsby ha forjado su fortuna, ya que su dinero no huele a viejo, y aunque Gatsby pretende ser un gentleman, hay indicios de que esto no es del todo cierto.
Al mismo tiempo, el autor, un corredor de bolsa con pretensiones de abolengo, se emparenta de un modo un tanto incompresible con Gatsby, y al final pareciera ser el único capaz de profesarle cierto cariño... a pesar de que el amor de su vida se encuentra a un tiro de arco del dintel de su puerta.



A vuelo de teclado.

Cuando en Desayuno en Tiffany's, escuchamos a la adorable Audrey Hepburn sermonear al gato podemos pensar: bueno, es un poco boba, pero es Audrey, así que simplemente se lo perdonamos. Cuando en Gatsby, leemos a Daisy balbucear incoherencias acerca de las camisas, o simplemente bloquear su pequeño cerebro abrumada por las circunstancias, tan sólo la detestamos; una mujer tan tonta no puede despertar nuestras simpatías, sin que nos importe su buena familia o su trágica historia de amor... El lector un poco asqueado, prefiere voltear la mirada... Mientras tanto Gatsby, que ha malvendido su alma para comprar el amor de una mujer estúpida tampoco sale bien librado. Por otro lado, podríamos pensar que la inocencia del primer encuentro entre Gatsby y Daisy,  y de cómo posteriormente se muestra lo peor de la gente de alcurnia en contra del esforzado hombre que se ha forjado a sí mismo, le brinda cierto brillo a la historia, pero a la hora de la verdad el escaso carisma de los personajes termina por pasar factura, se trata pues de una obra mediocre, que sin embargo hay que leer.

Add.

Dice mi segundo lector, conteniendo la voz para no desatarse en un mar de improperios:
-Pero, G, ¡se trata de una de las obras cumbres de la literatura estadounidense! La leen en la enseñanza media, y los críticos se tocan mientras acarician su copia del Gran Gatsby! ¡Está llena de metáforas, simbolismos y cosas de esas!
Mientras tanto G, le da un sorbo a su café, elegantemente servido en un vaso de unicel, y dice:
-Pues a mí no me ha gustado. Prefiero leer a Steinbeck describiendo sexo vaginal con una mazorca que la absurda histeria de amor entre el puto Gatsby y la insulsa Daisy.
-Pero si Daisy es bellísima y totalmente incapaz de tener una idea, siempre está de acuerdo con todo lo que se le dice, y de ningún modo será capaz de darte una sorpresa, sólo estará ahí, dispuesta a ser mimada y consentida hasta el fin de los tiempos, para muchos es casi perfecta.
-Pffff -lanzo un ruido grosero por la boca, mientras el café aún humea frente a mí- y seguro que la chupa como una Diosa, pero es tan tonta que repele, ¿por qué te cuesta entenderlo? Gatsby se enamora del estúpido ideal de pertenecer a la clase alta que en apariencia es superior, olvidando por completo sus orígenes, mientras que Daisy representa lo peor de esa clase, lo encuentro incomprensible. Si Gatsby tuviera dos dedos de frente hubiera sido más feliz... además buscar simbolismos en una historia me provoca pereza... - y mi segundo lector me observa con una mirada inescrutable mientras parece darse por vencido.

1 comentario:

  1. Comentario. Je, je, confundi a Steinbeck con Faulkner. Siempre me pasa. Lo siento, pero ahí queda la errata. :/

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