lunes, agosto 12, 2013

El Juego de Ender (1985) Orson Scott Card

Ender es el menor de tres hermanos. Su hermano Peter es un sádico superinteligente, y alberga un enorme resentimiento en contra de Ender. Valentine, su hermana, es todo corazón, aunque parece ser demasiado empática para su propio bien. Ender ha sido criado para convertirse en el máximo líder militar de la humanidad, y guiar a su ejército en contra de los Insectores; una raza alienígena incomprensible que ya ha atacado en dos ocasiones. Debido al desfase temporal ocasionado por el viaje a velocidades cercanas a la de la luz, la principal flota de ataque humana se encuentra casi desplegada en los mundos de los Insectores, ahora, depende de los dirigentes de la Escuela de Batalla, entrenar a Ender como el estratega definitivo para que pueda dirigir esas naves. La existencia de la humanidad depende de él. Ender es sólo un niño de seis años, estigmatizado por ser un tercero, en un planeta en el que el control de la natalidad se aplica con rigor. Ender ha sido alejado de otros niños, monitorizado las 24 horas del día, y aun para sus padres parece ser un extraño, le teme a su hermano mayor y ama profundamente a su hermana, pero al final Ender sabe que su supervivencia sólo depende de él... Al mismo tiempo parece ser el arma perfecta y al mismo tiempo pareciera que si se le afila un poco más tal vez se rompa... y la humanidad con él. Ender debe abandonar su hogar, y recluirse en la escuela de Batalla, donde otros niños casi igual de inteligentes que él, se han concentrado. Todos ellos bajo supervisión adulta compiten estudian y se entrenan con el mismo fin que Ender. La lucha será encarnizada. Y el medio propiciará que se le aislé, se le explote y se le odie. Así que Ender no debe luchar sólo contra sus condiscípulos, sino también contra sus profesores. Al final deberá demostrar que él nunca pierde.


Han pasado años desde que leí Ender por primera vez, pero aún recuerdo lo predecible que me pareció el desenlace. Para mí, que aprendí a jugar videojuegos pero no fútbol, me parecía demasiado-demasiado obvio qué era lo que estaba ocurriendo, sin embargo, siendo el menor de tres hermanos, era imposible no identificarse con el protagonista. Las emociones de Ender, el miedo, la desesperación, la soledad, el querer ser aceptado, la infantil búsqueda de aprobación, o de simple consuelo se describen con perfección. Tu madre tendría que ser muy puta para no identificarte con Ender, para no desear estar a su lado, o simplemente abrazarlo.

Cuando lei Pórtico, de Fredrik Pohl, también leí en un foro o blog de ciencia ficción comentarios del tipo: "No leas las secuelas, te vas a decepcionar". Pues viví para leerlas y para decepcionarme. Una pena que un universo tan rico e hilado con tanta maestría y en tan pocas páginas perdiera mucha de su magia con las continuaciones. Después de leer el juego de Ender, leí otras novelas de su autor, asi que, sin miedo me lancé de cabeza en pos de las secuelas. No negaré que la decepción fue mayúscula. Andrew en la voz de las muertos no se parece en casi nada al viejo Ender que aprendió a no dormir jamás. Sinbien, el resto de la saga cuenta con momentos memorables en ningún momento alcanzó la calidad de la historia original. Y la nueva saga, protagonizada por Bean, en la Sombra de Ender que pretende retomar el espíritu de la Escuela de Batalla a escala global, simplemente no cuenta con la magia del juego de Ender. El problema de Bean, que es también un personaje entrañable, es que no es Ender. Ese obstáculo es insuperable. Aun para Scott Card.

El Juego de Ender debería leerse durante la educación primaria, a más tardar durante la secundaria, en el peor de los casos durante la vida. Es uno de esos libros imprescindibles, que incluso tratándose de literatura de género será apreciada por el lector no iniciado.

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