jueves, abril 03, 2014

El cartero siempre llama dos veces (1934) J. M. Cain


Cora gano un billete de autobús directo a Hollywood, pero su rostro insípido no le valió de mucho y a pesar de su cuerpo fenomenal la maquinaria de Hollywood la mastico y escupió al restaurante mas cercano en pocos días. Ahí, resignada se caso con Nick, un sencillo inmigrante griego al que deslumbro su "belleza". Hasta que Frank, un buscavidas sin ningún beneficio comienza a trabajar en el pequeño restaurante de Nick, las miradas se cruzan, el aire se electrifica y las bragas se humedecen, poco tiempo tardan en convertirse en amantes y planear el asesinato del infeliz griego.


Gato frito, sin parar en Melmac.

El racismo de Cora es manifiesto. Frank, un hijo de puta en toda regla parece incapaz de sentar la cabeza. Y Nick, bueno, el buen griego Nick no es de muchas luces... es fácil, muy fácil despreciar a cualquiera de estos personajes, al final todos terminan por exhibir sus debilidades y mostrando de que están hechos. También es fácil es calzarte los zapatos de cualquiera de ellos... y con una sonrisa de suficiencia pensar: "Yo no cometería ese error, yo seria mas listo, o mas prudente, o mas lo que sea..." y al final cada personaje se muestra incongruente, y no actúa en consecuencia... al final, pareciera que Cora y Frank confunden el amor con la lujuria...

A vuelo de teclado.

Esta novela se lee en una tarde, mientras contemplas sentado en un banco de madera (medio maravillado) como la lavadora de ropa hace su trabajo, escuchas como humedece y rita la ropa, y luego, el ruido casi de turbinas mientras la centrifuga con cierto perezoso embeleso, y lees pagina tras pagina. Corta, y directa se disfruta mucho, casi hasta el final, que por justiciero, acaba por parecer inverosímil... al igual que un par de nudos en el argumento que se resuelven cortándolos por la mitad, y sin embargo, la novela se deja leer y se disfruta. Recomendable.

ADD. ¿Como llegue a esta novela? Ahí esta, el joven G, leyendo libros de S. King como si no hubiera un mañana. Uso una chamarra de color verde oliva del ejercito alemán que compre de segunda mano y a la que le cabe una cerveza (caguama, para mas señas) en cada bolsillo y un Zippo en el bolsillo interno de lado izquierdo. Fumo cigarros sin filtro porque son mas baratos, y de vez en cuando froto mis falanges distales de los tres primeros dedos de la mano derecha con pasta de dientes para quitar el color amarillento que el mal habito se encarga de tatuar... y de vez en vez recorro los locales de libros viejos del centro histórico y lugares peores... mis referencias son pocas, pero exactas, y un buen día me encuentro con la edición de best-sellers, negra y con las hojas de un color pardo de esta novela... y algo hace click dentro de mi cabeza... ¿Alguien mas recuerda el final de Rabia, aquella novela en que un adolescente armado secuestra a sus compañeros de clase y asesina a su maestra? ¿Aquel libro en que se revela como todos aquellos adolescentes aparentemente normales se encuentran, quizás, mas alieneados que algunos reclusos de pena capital? Bueno, yo recordaba, recuerdo, muy bien el final. "Una Novela jodidamente buena" y apresurado pago los diez pesos que me piden por "el cartero...", y lo leo y disfruto como una monja en un burdel, y ahora, casi veinte años después, cuando me encuentro preparando la comida y haciendo la colada, y, como no queriendo subo a la biblioteca y recorro con la mirada los libros que he acumulado a lo largo de mi vida, y me decido releer esta novela, y de este modo, un poco mágico, el viejo G se reencuentra con el chavalillo imberbe y desgarbado que un día fue.

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