viernes, octubre 10, 2014

El amor en los tiempos del colera (1985) Gabriel García Márquez

De Amores Contrariados, empeño, y olor a viejo.

No recuerdo en que momento lei mi primer novela de García Márquez, pero recuerdo que fue el Coronel no tiene quien le escriba, y el final, quedo indeleblemente grabado en mi memoria. No me impresiono. Pero seguí y seguí. Tampoco recuerdo en que momento leí El Amor en los Tiempos del Cólera, pero, ahora, al releerla confirmo mi impresión: Fermina Daza es una cabrona.


Me voy a robar una frase hecha de el bueno de Maugham: Con un empeño digno de mejor causa Florentino Ariza, ofrece su vida, toda ella, como ofrenda de amor a Fermina, hija de un arriero de pocos escrúpulos y muchas pretensiones, ella, adolescente se enamora de la idea del enamorado secreto, del también adolescente de levita y gestos fúnebres, del loco que le compone valses y los toca a la luz de la luna desde el cementerio, oteando los vientos para lograr la mejor acústica...  y, ¡Ay, de Florentino! Fermina pretende corresponderle. El padre, furioso, que en la mejor tradición victoriana  busca un matrimonio por conveniencia que legitime sus pretensiones sociales, interpone valles y montes para que la distancia, hija de puta, sosiegue los ardores adolescentes de su única hija... el efecto, es como era fácil imaginar, esvel contrario, hasta que ella, caprichosa, regresa al pueblo tan solo para despreciar sin escrúpulos a su pretendiente... y para esos momentos, prometido secreto... por supuesto, la discordia crece cuando un tercero interviene, el Dr. Juvenal Urbino, médico recién llegado de Francia, deseado y respetado a partes iguales y que en ausencia de laboratorio clínico bebe los meados de sus enfermos para confirmar el diagnostico de diabetes, regresa a su ciudad natal. este higienista insoportable se las ingeniara para robar el amor de Fermina a Florentino, aunque nadie vive para siempre, y al final, el proverbial perico que blasfema en latín se encargar de poner las cosas en donde siempre debieron estar. Imprescindible.

A vuelo de teclado.

¿De veras debo de escribir que solo conozco dos autores que logren crear la mágica complicidad que encierra este relato? Suspender por completo la incredulidad del lector, y llevarlo de la mano y con exquisita suavidad por las circunstancias mas extrañas, sin provocar la mas mínima extrañeza?

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