miércoles, octubre 29, 2014

Orgullo y Prejuicio (1813) Jane Austen

Liz, la segunda hija de la familia Bennet es una joven de hermosos ojos y ningun provecho en la vida. Sus días transcurren entre la lectura, los bailes, la musica y poco mas. Esta mujer, en plena era victoriana, es un producto de su época, ella y sus cuatro hermanas parecen pasar la vida a la espera de que el arquetípico don Juan (de origen, ingles, por supuesto, seguramente no cometerían el desatino de enamorarse de un sucio español) que al proponerles matrimonio asegure su futuro: el camino a la felicidad indisolublemente se encuentra ligado al brazo de un caballero, respetuoso, inteligente, de libido escasa, y de no demasiadas luces, pero, sobre todas las cosas que posea una fortuna mas que respetable, cualquier otro pretendiente no colmaría sus expectativas, por supuesto la ansiedad casi neurótica con la que esperan al pretendiente es culpa de su padre que al no concebir un hijo varón no tiene probabilidades de heredar sus posesiones a ninguna de sus hijas y la totalidad de su fortuna le sera entregadas al insípido, y engreído primo Collins, un adulador de primera categoría con un elevado concepto de si mismo, que en un arranque de generosidad a decidido que la mejor manera de resarcir las heridas en la relación familiar es desposar a alguna de sus atractivas primas (la endogamia es lo máximo), y así asegurar el futuro de toda la parentela.

¡Ay, el desastre llama la puerta!, porque tan solo días antes un caballero de escasa inteligencia y de fortuna llamativa parece haber quedado prendado de la mayor de las hermanas Bennet, Jane, cuya hermosura y candidez, que raya en lo estupidez, son sus mejores prendas. Al tiempo, Liz conoce a Darcy, otro caballero de cuantiosa fortuna que no se esfuerza demasiado por ocultar el desprecio que le provoca los habitantes de la comarca, incluyendo a la peculiar familia Bennet, que, debido a las constantes licencias del señor Bennet y la insufrible estupidez de su mujer han criado a una camada de muchachas de pocas luces y no demasiado refinadas, mucho mas licenciosas de lo habitual, y sin ninguna fortuna, desgraciadamente Darcy, se enamora de Liz Bennet, una mujer egoísta y estúpida como pocas, e incapaz de dominar los sentimientos que le embargan decide expresar su amor.

Lo mejor de esta novela es el sentido del humor. Hay dialogos que realmente deleitan, por la estupidez evidente de los interlocutores, que sostienen sus argumentos con la mayor seriedad, como si su escasa inteligencia y vanos intereses fueran algo realmente deseable en un ser humano. Por supuesto, el carácter de cada uno de los personajes se encuentra muy bien descrito, y ellos, casi siempre actúan de acuerdo con lo que el lector espera y aunque hay un par de momentos en que la trama se tuerce y retuerce para lograr el fin esperado en general cada cual se deja guiar por sus inclinaciones naturales.

Es normal desear con fervor la muerte de la señora Bennet, o, imaginarte sujetarla por el cuello y hundir su cara en su propia mierda (que es lo único que parece salirle de la boca), tan solo para librar a esta dulce tierra de Dió de la retahíla de estupideces sin fin que pareciera no parar nunca. Por otro lado, el señor Bennet que aunque es un personaje mas divertido y de forma constante humilla a su estúpida mujer, y a alguna de sus hijas, en realidad no deje de ser un parásito remolón y malparido demasiado pagado de si mismo, y así, cada uno de los personajes se ha labrado de forma tal que no hay pagina que no te provoque cierta alegría malsana, un morboso placer a la hora de criticarle a el y a sus actos, Collins, sin duda, es uno de los personajes mas llamativos y dignos de desprecio en una novela donde casi todos los personajes son seres despreciables, y, al mismo tiempo es uno de los mas entretenidos, su estrecehez de miras y ridículas aspiraciones acaban por elevarle por sobre el resto.

Y... al final Liz, que al fin y al cabo, conocedora de su familia se considera capaz de criticar la paja en el ojo ajeno, sin contemplar el enorme pene de babuino que tiene incrustado en el ojo derecho, a pesar de que presume de perspicacia es engañada como una cría por Wickman, ¿por que? por su agradable aspecto y gentil charla, de igual forma la única sensación que logra provocar en ella Darcy es desagrado, debido a su porte altanero y escasa charla. Inexplicable que una señorita con una lengua tan afilada sea incapaz de formarse un juicio cabal sobre dos caballeros a los que apenas inicia en su trato... pero sucede.

Hace tiempo que una descripción de personajes no me provoca tal regocijo, la ultima vez fue cuando leí el padrino, en esa novela los personajes encajan con naturalidad en cada uno de sus papeles, y cada una de sus reacciones obedece a lo que sabes de este personaje, el carácter y las decisiones que toman engranan con facilidad, la misma sensación me provoca leer Orgullo y Prejuicio, aunque, eso si hay dos situaciones demasiado forzada a la hora de resolver la trama y la manera en que Liz descubre su amor por Darcy crea una situación ridícula. Pero es divertido. Es divertido despreciar a estos parásitos sociales y al mismo tiempo seguir con atención la evolución de sus vidas disolutas y sin demasiado sentido mientras esperas que una sangrienta revolución socialista siegue sus vidas, y ni siquiera merezcan una oración o una cruz sobre el frio paramo donde sean enterrados.

Imprescindible. De verdad que me ha gustado.

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