lunes, agosto 03, 2015

La música de azar (1990) Paul Auster

Jim Nashe, de oficio bombero,  recibe una herencia por la muerte de su padre, su mujer le abandona, y algo se rompe dentro de su cabeza. Se compra un saab, rojo para mas señas, y se embriaga con la velocidad, mientras se regodea en su propia soledad recorre las autopistas de norteamerica, se aloja en moteles al pie de la autopista y poco a poco consume sus recursos... hasta que conoce a un joven vividor, Jim Nashe, un jugador profesional de poker de escasa sofisticación, pero a pesar de ello, tiene a un par de posibles víctimas en la mira...



Se trata de una novela demasiado refinada: uno se imagina al autor, escoplo en mano, retirando viruta y luego puliendo hasta la obsesión con una lija de agua, o arenando sin descanso cada uno de sus parrafos. Se nota mucho que es un autor profesional y que ha desarrollado un estilo propio, la obsesión por los detalles es muy evidente, y la imaginación del mismo destacan, pero hay algo de artificial (artificioso) en su prosa, la historia te envuelve y se disfruta mucho, pero sabes que, al fin y al cabo algo no marcha, no te quitas la idea de que se trata de una puesta en escena muy  bien lograda... al final el oropel acabara por relucir. 

Si comparamos con Follet (una comparación injusta donde las haya) se nota demasiado la diferencia entre un profesional y otro, a Auster no hay forma de hacerle un reproche... ¿O si?. Pensemos, pues, en Steinbeck: se lee una prosa muy refinada: precisa y con una estructura interna irreprochable... pero Steinbeck tiene un extra, cuando lees que describe la miseria, el hambre, la naturaleza, vamos, cualquier cosa, acabas por creer que el estuvo ahí, no llega a los extremos descarnados de Bukowski, pero, vaya, la idea es esa.

Siempre compro cualquier novela de anagrama, hasta ahora no me han decepcionado, puede que no conozca a el autor, o solo tenga lejanas referencias del mismo, pero nunca me quejo: esta vez tampoco me quejo, solo, que viniendo de Steinbeck, creo que todo se va a quedar un poco corto.


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