jueves, julio 14, 2011

Amos de titeres (1951) Robert A. Heinlein


Cuando era mas joven...

... me encontraba sentado sobre mi espalda en el pasillo de una antigua vecindad del centro histórico de la ciudad de México, frente a mi no dejaban de circular personas con grandes paquetes formados por revistas atrasadas y una cerveza bien fría descansaba entre mis piernas, a través de los múltiples agujeros de mi pantalón de mezclilla circulaba un cálido aire, y el piso, cubierto por siglos de suciedad dejaba escapar un peculiar aroma; la conversación versaba sobre Heinlein; el bienamanado y viejuno Heinlein; alguien despotricaba en su contra, le llamaba militarista, misógino, machista, y un largo etcétera, usaba frases del tipo "literatura colonialista" "vehículo de penetración ideológica", y algunas otras incluso menos afortunadas. Yo, con una estúpida sonrisa etílica lo observaba con asombro; nunca supe a que Heinlein había leído ese tipo...
Amos de Títeres.

Criaturas llegadas del espacio, toman un completo control sobre los desafortunados gringos (¿Por qué siempre les pasan esas cosas?), provenientes de alguna luna de algún gigante gaseoso de nuestro sistema solar, estas gelatinosas criaturas se posan sobre la columna vertebral de su infortunada víctima, tras lo cual toman completo control de su cuerpo, adquiriendo los conocimientos que esta persona posea, y anulando del todo su voluntad, aunque no por completo su consciencia. El Patrón, el paternal Jefe de muchas historias de Heinlein, de inmediato toma cartas en el asunto, lidera una organización de inteligencia con amplias atribuciones y la mas avanzada tecnología y de inmediato pone Elisee Nivens (sin relación con Larry, y mejor conocido como Sam) a cargo de la investigación...

A vuelo de teclado.

La historia es demasiado tradicional; a pesar de la presencia constante de torsos desnudos y uso de drogas con fines recreativos, o extrema libertad sexual para aquel entonces, no acaba de salirse del molde, una buena cantidad de referencias a la paranoia gringa de plena guerra fría, la perdida del individualismo y el control mental nos hacen pensar en mas de una ocasión en la cortina de hierro, y podemos imaginar fácilmente a los Amos vestidos de rojo, con una gran sonrisa entre los dientes, mientras entonan la internacional. Sin embargo, no deja de ser ciencia ficción, y aunque no es de lo mejor de Heinlein, tampoco se trata de un execrable vehículo de penetración ideológica, mas bien se trata de una obra mediocre comparada con Starship Troopers, Viernes, o Tiempo para Amar, sin embargo no por ello deja de ser entretenida.

Cuando era mas joven...

... el calor era asfixiante, y la diatriba del sujeto aquel continuaba y continuaba sin que pareciera tener fin, y yo, recordando a Louis Creed, había formado ordenadamente cada uno de los envases vacios de cerveza a un costado de la pared, uno de mis amigos, algún mequetrefe de esos que por nombre solo lleva una letra; H, V, o lo que sea, se entretenía especulando acerca de las necesarias voluptuosidades que sin duda ocultaba (apenas) la falda de la mujer que cortejaba en la escuela, y yo, continuaba escuchando la chachara del bastardo ese, hasta que no me pude contener mas y dije: Basta de pendejadas, tu no distingues entre la ciencia ficción de la edad de oro y un furunculo en tu jodido culo..., y algunas frases igualmente desafortunadas que se referían a los variados e hipotéticos usos que harían su madre, hermana y / o novia, con esa cavidad virtual denominada vagina, a cambio de algunos pesos, o tan solo por amor al arte, seguido de algunas sugerencias, acerca de como podrían regresar a su tamaño normal dichas cavidades tras el extenuante abuso al que las habían sometido... y seguí, y seguí, hasta que aquel amigo, mucho mas listo que yo, me saco casi a cuestas de aquel hermoso pasillo, poniéndonos a salvo de las represalias que sin duda se avecinaban...

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