martes, diciembre 13, 2011

1Q84, (Volumen 3, 2010) Haruki Murakami


No pregunten porqué.  Esa semana cumplí veintiún días sin fumar. Mi humor era irritable. Me vi obligado a vaciar en un recipiente metálico el contenido de una botella de Jack Daniel´s bajo la mirada recelosa de un tipo vestido de azul y con acento Jaliciense, y compré 1Q84... en una librería del Fondo de Cultura Económica. Aunque ya llevaba un tiempo en el mercado me las había ingeniado para no sucumbir a sus cantos de sirena, sin embargo, la tentación acabó por ser demasiado intensa, y me vi obligado a volver al universo alterno de 1Q84.
 

 La excusa es que el modelo de distribución actual no se presta para los grandes volúmenes; la otra excusa es que Dickens lo hacía; la tercera excusa es que si C. J. Cherry lo hizo, todo el mundo debería intentarlo; la  cuarta  y última excusa es que as una forma genial de obligar a cientos de lectores alrededor del mundo a que recen por tu bienestar... al menos hasta que termines la más reciente de tus novelas... Sin embargo eso de separar historias completas, y complejas, en volúmenes distintos de forma arbitraria no es nada bueno para el lector, no importa si el autor se apellida Larsson, o Murakami, es una verdadera putada dejar en suspenso a tu querido público por lo menos un año... a veces más. 

En el capítulo anterior...

Tengo y Aomame se encuentran dentro de 1Q84, y cada uno, a su modo hace lo posible por encontrarse con  el otro. Mientras tanto, Ushikawa, de oficio abogado e investigador privado orillado por la necesidad, y que por momentos parece estar a punto de convertirse en una cucaracha kafkiana, se encuentra herido en su orgullo profesional,  la secta de los testigos lo ha puesto tras la pista de Aomame, quien se encuentra oculta tras el más reciente de sus homicidios, Ushikawa se encuentra peligrosamente cerca de encontrar una relación entre Tengo y Aomame... Mientras tanto la Little People se entretiene tejiendo crisálidas de aire, y Fukaeri abandona casi por completo el escenario...

A Vuelo de Teclado (Lo peor ha pasado).

La historia de Aomame y Tengo encuentra un cierre satisfactorio con esta novela. La historia de Ushikawa, como personaje con una nueva dimensión durante el transcurso de la narración; la oscuridad de su vida, lo habitual que le resulta ser detestado por quienes le rodean, y la peculiar gallardía con la que enfrenta su sino acaban por ganarse una peculiar mezcla de compasón/simpatia por parte del lector, después de todo ¿a quién le puede interesar seguir la aventuras de Don Perfecto, que nunca se equivoca y al que todo le sale bien? Seguramente al vecino de arriba, que es muy serio y muy formal, pero como no me canso de repetir, los que tenemos un poco de sangre en las venas preferimos regodearnos un poco en la oscuridad ajena, divagaciones aparte. La historia de Ushikawa termina de forma satisfactoria, sin embargo no se encuentran demasiadas respuestas con respecto a la crisálida de aire, o a la Little People, y eso es  algo que ya esperaba,  tal vez por ello  no me dejó el amargo sabor de otras historias del mismo autor, como  "El fin del mundo y un despiadado...", cuyo final resultó ser una verdadera putada, pero sí que se echa en falta un poco más de desarrollo en cuanto a la Little People y da la impresión de que el autor dejó volar demasiado la imaginación, sin saber cómo aterrizarla después. Recomendable.

PS

¿Seré el único al que atemoriza la dichosa Sinfonietta?


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