sábado, diciembre 12, 2015

Pabellón de Cáncer (1968) Alexandr Solzhenitsyn


No todos los libros que lees son memorables. Hay libros que lees con interés y con el paso de los años simplemente se desvanecen; sabes que lo has leído, recuerdas detalles de la trama, pero nada más. Ya no eres capaz de evocar la textura del relato, de recuperar las sensaciones que te provoco. Hay libros, pues, que volvería a leer y volvería a olvidar. Leí Archipiélago Gulag siendo muy joven. Era la época en que me encantaba el selecciones del Reader's Digest, lo compraba en los puestos de revistas atrasadas, lo leía y descubría que los rusos, el vietcong y demás cosas rojas, rojas, rojunas eran el diablo, perdón, dejen que me corrija, eran el Diablo. Archipiélago Gulag, para mi fue totalmente olvidable. Sé que lo he leído, conozco los detalles generales de la trama, y nada mas.

Tiempo después "leí un día en la vida de Ivan..." y aun hoy recuerdo pasajes de esa obra y recupero con nitidez las sensaciones que provoco. Claro que era un poco mayor, y mas critico, en esa época aun cazaba autores en locales de libros viejos, juntaba dinero, mi madre me daba un poco más, y me lanzaba al centro de la ciudad, solo o en compañía de algún amigo, y pasa el día recorriendo los locales... hoy, recorro las librerías comerciales, después de atiborrarme de comida y miro superficialmente las estanterías, la emoción de encontrar un libro ansiado durante mucho tiempo se ha perdido; la caza de las ofertas, el regateo ocasional, el sabor del cigarrillo siempre presente entre los labios resecos, la emoción de la presa cobrada, en fin, todo eso ya no existe.

Lo veo como abandonado en la estantería de un Sanborn's, sobre insurgentes. No, no es eso, siento su mirada, y volteo a verlo. ¡Mierda! Solzhenitzyn, y de inmediato la voz de Troy McClure sale de mis labios: tal vez lo recuerdes por "Archipiélago..."... y por "Un día..." también pienso que antes el apellido del autor se escribía de modo distinto...


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Rusánov es un delator. Traiciona a quien le rodea a cambio de pequeños favores en un régimen totalitario y corrupto. Cualquier desviación ideológica debe de ser advertida, censurada, el desviado ha de ser corregido, desterrado, suprimido. A Rusánov le enorgullece su papel de delator, reviste su gris carrera de burocrática de un cierto lustre imposible de alcanzar de otra forma. Pero en el fondo teme reencontrarse con aquellos a los que traiciono. Él, como todos los pacientes del pabellón ha sido diagnosticado con cáncer, sin embargo, su estatus de burócrata de segunda no le vale ningún trato especial, ya hospitalizado, temeroso, y aun maldiciendo su suerte conoce a Kostoglótov, un exiliado, ex militar, de pensamiento independiente, boca floja y disidente, que no teme iniciar una disputa y decir lo que piensa, no en balde su forma de ser le valió el exilio. Rusánov y Kostoglótov, obligados por el cáncer deben de vivir bajo el mismo techo, compartir opiniones y relacionarse con el resto de los pacientes y médicos, al final todos comparten la esperanza de recuperar la salud, pero al final todo tiene un costo.

La prosa del autor de apellido intranscribible es adecuada en todo momento, y retrata los miedos y distintas situaciones de los pacientes con precisión, me ha sorprendido, sobre cualquier otra cosa el realismo con que describe las reacciones y charlas de los médicos, de como estos se involucran con los pacientes, y, como no, el breve capitulo en que discuten de responsabilidad profesional, argumentado la postura del médico que se ve falsamente acusado, y además condenado por los no-médicos de ante mano, sin elementos suficientes y tan solo para satisfacer a la masa.

La postura de Kostoglótov, que esta dispuesto a ser tratado, pero que aun no pierde la fe en medicinas alternativas, al tiempo que se opone al tratamiento propuesto, que puede ayudarle a combatir al tumor, a costa de su percepción de si mismo, y la disminución de su calidad de vida, representa, para mi, la del paciente ideal: racional e inquisitivo, que no se deja avasallar, pero que al tiempo fija limites, sabe hasta a donde esta dispuesto a llegar, pero no más allá del punto fijado.
Kostoglótov, como ser autónomo se opone al encarnizamiento terapéutico, y sin saberlo defiende el lado mas humano de la medicina, recordando a sus médicos tratantes que, al final, no son dioses que puedan decidir infaliblemente sobre el destino de otros; Kostoglótov, al final decide su destino, tras ser informad de los riesgos y beneficios, y con toda la consciencia de las posibles consecuencias de su decisión, decide, pues, como es que quiere morir, sin perder la dignidad en el intento de luchar contra el cáncer.
Mientras tanto Rusánov acaba por someterse, con la vana esperanza de que de algún modo su corrupción y cobardía le brinden algún beneficio en el hospital, y en su lucha contra del cáncer. Al terminar su tratamiento, Rusánov, de mente débil, continuara con las anteojeras puestas, incapaz de mirar mas allá de lo que se encuentra frente a él, y tan obcecado como siempre.

La obra es una oda a la libertad y la autonomía,al tiempo que, como si tal cosa, el autor se da tiempo de reflexionar sobre al amor, la vida, la patria, el totalitarismo y muchos otros temas, con una profundidad y sutileza completamente memorables.

jueves, diciembre 10, 2015

Preguntále al polvo (1939) John Fante

Arturo Bandini es escritor y se precia de serlo. Le han publicado un cuento en una revista literaria, un cuento conmovedor, humano, memorable y con una técnica pulida y precisa. Bandini solo espera que el puñado de gilipollas que le rodea reconozca su talento, le aclame, y el dinero, las mujeres y el sexo lleguen. Pero no llegan, sumido en la miseria sobrevive a duras penas en un pensión miserable, a punto de morir de hambre depende de la caridad de su madre, y de un frutero chino para sobrevivir. Por si fuera poco esta bloqueado, por más que se esfuerza las letras se niegan a fluir, desesperado le escribe a su editor, y, en el peor momento conoce a Camila López, una camarera mexicana, voluptuosa y procaz, que esta enamorada de otro, y que altiva no cesa de escupirle su desden...

Fante me recuerda a Vasconcelos y Bukowski. Los dos estaban convencidos de su superioridad, y ambos amaban la literatura. Y coincidan al pensar cosas como: "Nadie mas en el mundo esta leyendo lo que yo leo. Soy el único que se alimenta con estos libros". Me pregunto que pensaría Vasconcelos de Fante. ¿Sería como ver una versión de si mismo surgir de una realidad paralela? Aunque Bukowski, a través de su alter ego, nos deja claro la sensación de epifanía que le embargo al conocer el autor. Bukowski, el autor, reconoce la deuda que tiene con Fante, y es muy categórico, antes de Fante no sabía que se podía escribir así.

¿Hablamos de Auster, no? (ver http://xurl.es/319u0) Bueno, Auster es un autor consumado, se nota la precisión con que moldea sus obras. Pero no se siente honesto. Cuando describe a sus personajes levantando un muro no parece que el sepa como es levantar un muro, el picor del cemento seco en las palmas de las manos, el peso de los tabiques, la sensación de la pala al preparar la mezcla... todo ello se pierde, ni siquiera parece haber contemplado el como se levanta un muro. La camaradería de los hombres mientras trabajan hombro con hombro en la misma obra. Bukowski es lo contrario. Narra la miseria, las putas y los bares, y sabes que estuvo allí. Lo sabes aunque tu no hayas estado, pero, si has estado, Dioses, oh Dioses, entonces Bukowski es el que provoca. La complicada relación entre Camila y Bandini, es tan absolutamente creíble que asusta. La relación de Bandini con Vera pudo pasarle a cualquiera, a un cierto tipo muy particular de cualquiera, y los arrebatos casi místicos de angustia y desesperación en que se hunde Bandini ante los desaires y crueldades de Camila, es algo que se tiene que haber vivido para poder narrarlo sin lucir ridículo, sin caer en la mas pura de las parodias, al tiempo que le permites al lector enterado sonreír con sorna, sonrojarse con discreción o simplemente reír con desparpajo. Bandini, o Fante, como les plazca, exhibe una prosa muy pulida, refinada, con una inusitada autenticidad; la combinación es gloriosa.

Pasa poco, pero pasa.  A veces lees las primeras paginas de un libro y te das cuenta de que el autor te va a obsesionar el resto de tu vida: bueno, Fante es uno  de esos autores.

PS. Estoy seguro de la parte en que Bandini, enfurecido, reta al Creador a bajar de las alturas para pelear a puño limpio inspiro la pelea imaginaria entre Chinaski y Hemingway.

miércoles, diciembre 02, 2015

Cita

"Cuando escribo vuelo, enciendo fuegos. Cuando escribo saco a la muerte de mi bolsillo izquierdo, la lanzo contra la pared y la agarro cuando rebota"

El capitán salio a comer y los marineros tomaron el barco (1998) Charles Bukowski.

martes, diciembre 01, 2015

Cita

"La escritura tiene algo que atrae a los farsantes. ¿Qué será? Los escritores son lo más difíciles de soportar, en la página o en persona. Y son peores en persona que en la página, y eso es bien malo."

El capitán salio a comer y los marineros tomaron el barco (1998) Charles
Bukowski.