jueves, febrero 25, 2016

Moby Dick (1851) Herman Melville

Ishmael, harto de estar harto de la gente que le rodea, suelta todo y se larga a Nantucket con la intención de formar parte de la tripulación de un barco para desintoxicarse de la humanidad que le asfixia y constriñe, en sus primeros días en el puerto se hermana con Queequeg un temible caníbal de los mares del sur que  con rapidez le coge cariño. Juntos, y a pesar de los malos augurios, se unen a la tripulación del Pequod, un barco ballenero capitaneado por Ajab, que busca vengarse de la ballena blanca que le cerceno la pierna de la rodilla para abajo, dejando atrás a su esposa, y a su hijo, consumido por el odio y el deseo de venganza.
 
Uno de los mas grandes escritores de nuestra lengua argumenta que no, que Melville nos mintió: Moby Dick es una alegoría, poco importa que la propia Novela le desmienta, poco importa que el mismo Melville, como apunta W. Somersett Maugham niegue que su novela sea una alegoría. A mi me dan pereza las alegorías, me dan pereza quienes las interpretan y desprecio a quienes ven alegorías escondidas en los posos del café, es por ello que leo tan solo con el cuidado que cada novela me pide, es por eso que leí a Moby Dick como leí a Pedro Paramo, de a poquito, con calma, regresando sobre mis pasos sin avergonzarme y cada que me parecía preciso. 

Leo a Melville y pienso en Lovecraft; párrafos interminables, plagados de oscuras referencias que el lector se siente obligado a conocer, una prosa pomposa, en la que es fácil empantanarse, de la que a veces hay que arrancar cada imagen como si estuvieran incrustadas en roca solida, y que a veces, repentinamente brilla enceguecedora, deslumbrándonos con escenas de gran belleza.

También he leído, por casualidad, los desvaríos de algún traductor, que se ufana de que su traducción es la única solvente de Moby Dick, y es que, de acuerdo con él, leer a Moby Dick es una labor titánica, que el lector (un poco tonto) es incapaz de concretar por lo difícil que es la prosa de Melville... al releer los primeros capítulos de Moby Dick me descubro sonriendo como tonto, atrapado por el humor que Ishmael despliega en cada frase, no, no creo que el lector promedio se vea superado por Moby Dick, ¿Por qué?  Porque a pesar de sus defectos cumple con un requisito indispensable para cualquier novela, atrapa desde la primera pagina.

Leo a Melville y pienso que todos deberíamos leerlo como lo que es, una novela de aventuras de gran belleza, con poderosas imágenes y una innegable vena poética.




jueves, febrero 18, 2016

Soy un Gato (1905-1906) Natsume Soseki.

Uno de los  miembros mas prominentes de la gatunidad ni siquiera tiene nombre, se trata de un gato pequeño, sin madre, ni hermanos que por pura suerte, buena o mala, es adoptado a regañadientes por un maestro, este gato, sin nombre, japones y patriota para mas señas, se convierte en uno de los personajes felinos más memorables de la historia de la literatura. Atras quedan las valientes Chanur, o los guerreros Kzinti, este gato es un intelectual, critico, inteligente, y quizás demasiado humano.


La familia del maestro no tiene ningún interés particular en que el gato medre o en  su desarrollo intelectual, pero eso no es obstáculo, el gato, ve, escucha, y critica, con aire de entendido, desde su humilde criterio felino, todas las conductas absurdas de su amo, su familia y sus amigos. 

 ***

La prosa de Söseki es casi etérea, mientras leen dan ganas de capturarla en un bullet time, colocarla en un pedestal para después poder observarla desde todos sus ángulos. No hablare de ritmo, adjetivación u otras monsergas, simplemente hay que leerlo para poder comprender la gracia e ingenio que destilan cada una de sus frases, provoca la impresión de ser una exhalación y el deseo de capturar cada instante en el tiempo para poder observarlo después, un bullet time, no encuentro mejor forma de decirlo. La historia se desarrolla con mesura, y se nota que se trata de una novela por entregas, cada capitulo desarrolla un tema dado, critica con ironía al ser humano, sus filias, fobias, sus sueños, esperanzas, su necesidad de ser aceptado, un insaciable ser de ser reconocido, su fatuidad, y al final huera vanidad. Ja.* Imprescindible.

* Llevo meses buscando un pretexto para usar esa palabra "huera", como mola.

Pensamientos aleatorios (1)

Algo debe de estar mal dentro de mi. Me descubro echando en falta los viejos buenos tiempos, cuando era un irresponsable, cuando caminaba a deshoras por las vías del tren con una cerveza en el bolsillo y un cigarrillo en la boca. Cuando me subió una patrulla y me llevo al juzgado cívico donde me golpeo un policía viejo que pegaba como niña, cuando se lo dije eres viejo y pegas como niña, y cuando me golpeo de nuevo. Extraño esas cosas, el olor del tabaco, el humo de la mariguana, la cerveza fría como si fuera inagotable; extraño observar el mundo a través de una gota de agua que caía a través del infinito mientras se ponía el sol. Echo de menos gritar en la parte mas alta de un acueducto, ebrio perdido, sin que nada me importe, extraño acostarme sobre el frío asfalto, con los autos circulando a mi lado, acostarme en medio del bosque dentro de una zanja para fumar yerba: echo de menos eso y mas: meterme dentro de las fauces de la noche y salir ileso. Beber, beber, beber. Besar a una desconocida en un bar, solo porque sus amigas dicen: Bueno, ¡que!, ¿se van a besar? Pedirle su numero y nunca hablarle. Los viajes en el metro. Las mujeres de miradas lascivas que perdían el interés al descubrir que no llevabas ni reloj, ni anillos ni cartera, las miradas aviesas del resto de los transeúntes, el mezcal en la facultad, mezclado y disimulado con refresco de toronja dentro de la bolsa de la bata, los porros, las risas, los bares. Presentar un examen con dos copas de más, entrar un poco drogado a clase y descubrir como un idiota que tenias la lengua pegada al paladar, y eras incapaz de escribir. Los ataques de risa. La luz de la luna. abrazar un árbol y reír como poseído. Platicas con tus zapatos. Meter las manos al fuego por un poco de yerba. Eran, pues, los viejos buenos tiempos, y los echo en falta.

lunes, febrero 15, 2016

Lo que no te mata te hace más fuerte (2015) David Langercrantz.



Mikael Blomkvist ha caído en desgracia: de forma inexplicable su reputación parece tambalearse mientras la revista Millenium ha sido víctima de la compra hostil de buena parte de sus acciones y en pro de la rentabilidad sus nuevos dueños están a punto de convertirla en teleguia. Mientras tanto, Hans Balder, un genio de la informática y pionero en el desarrollo de la inteligencia artificial, se ve envuelto en  una conspiración industrial mientras intenta obtener el cariño de su hijo autista. Al fondo, muy al fondo, Lisbeth Salander, la chica del dragón tatuado, encabeza un ataque informático de gran escala en contra de la infame NSA…

Muerto el padre… ¿Nietzsche que culpa tiene?

Sabemos del suicidio de Stieg Larsson, y la decisión de su familia de convertir en una franquicia la serie de Millenium. Malos antecedentes para empezar a leer un libro, más aún si se trata de una saga carismática de literatura chatarra, no, no lo escribo con desdén, pero así son  las cosas. No han pasado treinta paginas y la nueva saga ya desprecia a Apple (¡bien!), una seudo inteligencia artificial supera la prueba de Turing, se emplean de forma incorrecta términos linuxeros básicos (¿Root? esto es android?) se confunde la recopilación de cuentos de Isaac Asimov (ver http://goo.gl/jAs6Lu) Yo Robot con una novela y se le endilga a la Salander identificarse con una heroína de Marvel víctima de violencia domestica, por si fuera poco la traducción no ayuda, el traductor recurre con insistencia a las españoladas (moco de pavo, como la copa de un pino, agua de borrajas) demostrando muy poca imaginación a la hora de interpretar el idioma original.
El autor, lejos de concentrarse en desarrollar una novela de misterio con ligeros toques tecnológicos parece querer escribir una novela de ciencia ficción convirtiendo a Lisbeth Salander en una Molly (ver Neuromante http://goo.gl/OBZaTS) descafeinada. La puesta es elevada y el autor la pierde, las intrusiones hackeriles de Lisbeth en ningún momento recuerdan a las que el señor Gibson narra en su elaborado universo en que el ciberespacio es una alucinación consensual, (lo que le convierte en una realidad inteligible para el lector promedio y convierte las incursiones de los hackers en espectaculares puestas en escena en un mundo virtual), Salander, incursiona como una maestra en la intranet de la NSA, y al lector le da igual, no hay emoción en imaginarla frente al teclado corriendo “programas”...  sin una razón aparente el autor da marcha atrás, sin terminar de desarrollar esa subtrama, y convirtiendo a Lisbeth en una especie de madrastra para un niño savant, con la mención obligada de Oliver Sacks (ver http://goo.gl/bFWG1G)... al tiempo que Mikael parece caer en desgracia, ahogado por el periodismo digital las nuevas generaciones lo consideran anticuado, nos dice el autor, sin considerar su inmensa reputación como periodista de investigación que Mikael se ha forjado por merito propio... y por si fuera poco, el titulo del libro, un guiño al estilo Larsson con relación al contenido es inadecuado y casi ofensivo, tan solo es útil para demostrar lo poco que el nuevo autor conoce a los personajes.

***

Disfruto de un buen pedazo de literatura chatarra tanto como cualquiera, pero, como continuación de la saga de Millenium este libro fracasa con estrépito, y se echa, mucho, en falta al padre literario de la Salander,  la incapacidad del escritor mercenario para explotar a los personajes de Larsson solo se puede explicar por su falta de talento.  Mierda fresca.

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Los hombres que no amaban a las mujeres, (2005), Stieg Larsson

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