viernes, julio 22, 2011

En el Ministerio Publico.

¿Es bonito eso de hablar de ti mismo en tercera persona?, o ¿es un signo mayor de Esquizofrenia?. Recuerdo que tiempo antes, cuando era un adolescente remolón y que sufría con inexplicable regularidad de intoxicaciones etílicas agudas en compañía de varios condiscípulos del Colegio de Bachilleres, en los mas variopintos escenarios de la Ciudad de México, a uno de mis acompañantes, un tipo antiguo, filogeneticamente hablando, le daba por ponerse en contacto con la naturaleza y abrazar arboles, hablarles (ya sabes, hermano árbol, y todo eso), o conversar animadamente con sus zapatos, dentro de un microbús atestado, el punto es que; ¡nadie pensó en que ese pequeño retard crecería para convertirse en Al Gore! bueno, no es del todo cierto. Pero quiero que conste que también he reído con salvaje alegría tras amedrentar a una pareja de turistas gringos con la palabra Iwoa tatuada en la frente, y que siendo apenas un chavalillo de secundaria provoque el horror de una parejas de ancianos españoles con mi lenguaje y desparpajo, y también, ¿por que no decirlo? que disfrute a tope mientras me reía frente a sus arrugadas caras.

domingo, julio 17, 2011

Ese pequeño error ortográfico en Firefox que me tiene hasta la vil madre.

He usado Firefox a intervalos irregulares desde los tiempos obscuros en que aun a regañadientes usaba Windows. Es más, estoy casi seguro de que es el programa libre mas usado, aun por mucha gente a la que le importa un carajo el software libre, aunque a intervalos he dejado de usarlo (cuando no estaba del todo optimizado para ciertas versiones de Ubuntu) en estos momentos me encuentro con la versión 4.0.1, que, como se ha dicho hasta la saciedad, imita un montón de características de Chromium, sin embargo me siento bastante a gusto en cuanto a desempeño con el navegador, por desgracia me vuelvo a encontrar con ese jodido error ortográfico que ocasiona que mis pupilas se contraigan, mis parpados sufran de micro espasmos, y mis conjuntivas sangren, heló aquí:

jueves, julio 14, 2011

Depotricando.

Harto de estar harto, harto de no recibir ni besos ni bofetones, de pensar lo que digo y no decir lo que pienso, harto de que cada vez menos se parece el blog a quien esto escribe, y que la corrección política, las buenas maneras y otras malas artes parecen apoderarse de mi teclado, harto, como ya dije de todas estas cosas he de desoír los consejos de mi querido segundo lector, quien, sabio como ha sido siempre, recomienda no ser rápido en la cólera, sopesar las alternativas, y actuar siempre con mesura, mi respuesta ante esta postura es; ya no. La única forma de quitarme la pereza y continuar aporreando banalmente las  teclas es haciendo uso de las blasfemias, malediciencias y frases incomodas que habitualmente acompañan mis idas y venidas por este país de mierda. Y es por ello, que, si es que el malhadado Google te ha traído hasta aquí incauto internauta, dicho sea que a la fecha de publicación de esta entrada el uso y abuso de palabras como; mierda, coño, culo, carajo, puta, chingón, cagar, güey, y otras mas sera mas o menos extenso, aunque no sin orden ni concierto, solo cuando la frase solicite por ejemplo; "Ojala a nuestro querido presidente antinarco (Felipe de Jesus Calderón Hinojosa) le internen en Oceánica, por eso de su problema con la bebida, y le sometan a aquel maravilloso tratamiento que consiste en introducir una mazorca de maíz por su aguado culo, hasta que por el hocico le salga un elote tierno, seguramente lo disfrutara y dejara de andar por el mundo con el ceño fruncido". 
Sin mas que agregar, queridos tres lectores les deseo una buena noche; My God, it's full of stars!

Amos de titeres (1951) Robert A. Heinlein


Cuando era mas joven...

... me encontraba sentado sobre mi espalda en el pasillo de una antigua vecindad del centro histórico de la ciudad de México, frente a mi no dejaban de circular personas con grandes paquetes formados por revistas atrasadas y una cerveza bien fría descansaba entre mis piernas, a través de los múltiples agujeros de mi pantalón de mezclilla circulaba un cálido aire, y el piso, cubierto por siglos de suciedad dejaba escapar un peculiar aroma; la conversación versaba sobre Heinlein; el bienamanado y viejuno Heinlein; alguien despotricaba en su contra, le llamaba militarista, misógino, machista, y un largo etcétera, usaba frases del tipo "literatura colonialista" "vehículo de penetración ideológica", y algunas otras incluso menos afortunadas. Yo, con una estúpida sonrisa etílica lo observaba con asombro; nunca supe a que Heinlein había leído ese tipo...