viernes, septiembre 23, 2016

México: Necrovirus (fragmento) Gerardo Delgado Flores


México: Necrovirus

Freak Zombie Action.
Gerardo Delgado Flores




DÍA UNO.
G
Pase la noche durmiendo con la mejilla apoyada sobre el teclado. Las letras WASD en relieve se calcaron difusas sobre la piel de mi mejilla, lance un sonido mitad gemido y mitad aullido mientras me levantaba, camine a la cocina y me prepare un café, negro, cargado y con asientos de azúcar en el fondo, tal y como lo tomaba Lovecraft, eche un vistazo al código que recién había escrito y bufe con desagrado. Trabajaba para una maligna empresa de telecomunicaciones... le daba mantenimiento a un “controlador” para el router proporcionado por la empresa, mi labor real era mantener operativo un backdoor, que permitiera rastrear la actividad en internet del usuario, estadísticas, geo-localización y esas cosas. Como siempre, prefería mirar para otro lado y no interesarme por el big data recolectado. Era una puta y me asumía como tal, no pensaba sentir culpa por el mal uso que le dieran a mis talentos. Ese fue el primer día, y si supiera en ese entonces o que sé ahora, nada habría cambiado, habría replicado todas y cada una de mis decisiones.
Vivía en un edificio de diez plantas, en el quinto piso, con una vista estupenda sobre el parque y el deportivo de la colonia. Me prepare el desayuno mientras bebía el café, y escuche las noticias a través de la red, una transmisión en directo a través mixlr, el locutor, un friki flacucho, de pómulos altos, cara chupada y con dedos alargados que siempre era candidato a ser confundido por un thin man de la mitología alíen, y que ademas era mi amigo, decía: “...sucedió, sucedió por fin, el armagedon zombi ha iniciado, aquellos que leímos el día de los trífidos sabemos que hacer. No desesperen, son lentos, son tontos y seguro que los exterminamos en un par de días. No olviden fracturar el cráneo.” Al momento de la transmisión lo escuchaban unos diez mil oyentes, y sonreí al imaginar cuantos de ellos serian tan tetos como para caer en una histeria orwelliana y parapetarse en sus departamentos, respaldar sus PC’s, acumular alimento, reunir armas, hacer otra copia de seguridad de sus cuentas de steam (doble, o triple backup, por si acaso) y todo eso antes de darse cuenta de que era una broma. Ni siquiera se me ocurrió prender la TV. Nunca veo televisión.


lunes, septiembre 05, 2016

Me muero de sin usted (2004) Gilberto Owen

Disfrute robando correspondencia, era un niño de cuarto o quinto grado y todos los días regresaba de la escuela primaria caminando solo a casa, el camino de vuelta era una celebración, celebrabas la liberación de la escuela, y la liberación de no tener adultos vigilando cerca. Eras dueño de ti, mientras caminabas esos quince y veinte minutos de regreso a casa. Era tiempo de hacer cosas malas, de rayar un auto, bajar el aire a un neumático, o reñir con algún niño estúpido que te desagradaba. Eran buenos tiempos.
Y un día, no sé muy bien porque comencé a robar correspondencia. Era una casa bonita, con una reja metálica pintada de blanco, muy baja, los rayos del sol brillaban de forma llamativa a través del buzón y sin pensarlo ni un poco metí mi mano, saque un puñado de cartas, y elegí una, el sombre era blanco, y la dirección estaba escrita a mano. En ese entonces ya leía todo lo que caía en mis manos: novelas, revistas, comics, cualquier cosa, pero nunca había experimentado la malsana alegría de apropiarme de un conocimiento ilícito. No sabia que existía nada así, no sabia que podía procurarme placer... leí la carta, y después seguí robandolas, cada semana se repetía la misma historia, salia de la escuela, pasaba por la casa, metía, goloso, la mano en el buzón y extraía la carta. Cada carta era una serie infinita de reproches, cada uno mas agrio que el anterior, y entrelineas contemplaba las desavenencias de un matrimonio malavenido, aunque era joven y no comprendía del todo las palabras usadas, si que sabia que cada vez eran mas y mas violentas las palabras que el corresponsal usaba en cada nueva carta, hasta que al final, leí, con asombro y con duda como el esposo reclamaba, exigía, una respuesta, la respuesta que fuera, a las cartas que había enviado, y que yo tenia guardadas en el cajón de las revistas. Sentí miedo. Miedo de que me descubriera de alguna magia manera,y me encontrara y de forma terrible dejara caer su ira justificadamente sobre de mi, sentí miedo, y no supe que hacer, pero el miedo, ceso tan pronto como empezó, me recordé que era un ladrón muy avezado y que siempre guarde las precauciones que me exigua el oficio, así que deje de temer, pero, por si acaso, y solo por si acaso deje de robar cartas, no fuera a ser que siguiera contribuyendo a joder un poco mas unas vidas que ya de por si estaban jodidas.
Leo las cartas de Owen a su amada Dionisia y tengo un fuerte Deja Vu, me recuerdo regordete y vestido con uniforme de primaria, mirando hacia todos lados, y deslizando mis dedos en el buzón de un casa con la reja blanca, y un jardín de pasto muy verde.

PS.
He disfrutado mucho con esta recopilación de cartas, hay frases realmente memorables, y es muy fácil dejarse envolver por la prosa del autor. Me recuerda un poco a Vasconcelos, por el encanto que le puede imprimir a cada parrafo y por como despierta una complicidad inmediata con el vouyeur (lector). Un libro imprescindible que da ganas de ser leído en voz alta.