martes, enero 05, 2016

Azul casi transparente (1976) Ryu Murakami

Imagina a un pequeño japones siendo sodomizado por un gringo negro enorme. Imagina al mismo japo tomando pastillas, inyectándose heroína (en medio de los dedos), cogiendo y siendo cogido de innumerables maneras. Imagínalo ahí, ebrio y drogado, escuchando a Janis Joplin, cogiendo y siendo cogido. No hay más. No habrá más.

Dicen que la cocaína tipo crack es el sueño del traficante y la pesadilla del adicto, la rapidez con que llega al sistema nervioso y la fugacidad de su efecto provocan un craving inmediato. También dicen que la heroína es peor.
La novela se parece mas a Trainspotting que a la naranja mecánica. Solo que cuando Renton y compañía hablan del uso de drogas, de como estas eclipsan cualquier otro tipo de placer, de la ansiedad de consumo, y de todo conlleva es posible creerles. En el caso de Ryu, Lilly y compañía todo parece tamizado por un filtro de irrealidad que le vuelve increíble, al final, a pesar de estar drogados todo el tiempo su deseo sexual permanece intacto. Parecen destinados a la autodestrucción sin embargo esta se asoma en un horizonte tan lejano que se vuelve irreal.
Dicen que este libro fue tachado de pornográfico, pero si es porno, es
porno ligth.
No hay mucho más que decir, tal vez escogí el peor libro de este autor para empezar. Eso espero. Hubiera preferido releer a Welsh que perder el tiempo leyendo las aventuras de Ryu.

viernes, enero 01, 2016

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (1998) Charles Bukowski.

Nunca leo el mismo libro que leen los tipos que redactan la contraportada de los libros. Nunca, a veces, creo que mienten con descaro, a veces estoy seguro de ello. He dejado de leerlas. También los prólogos, también las tapas. Es mas prudente que dejen a solas al autor y al lector para que ellos se encuentren (o desencuentren) como les venga en gana.

Buko, el aguerrido hijo de puta, el bebedor empedernido, el tipo de las manos pequeñas siempre dispuesto a una pelea de bar ha envejecido exitosamente, en contra de todo pronostico cuenta con medios para subsistir, pagar el hipódromo, el alcohol, las cuentas. Buko, el aguerrido hijo de puta se entretiene por las noches aporreando las teclas de su ordenador (mac, by the way, nada menos mac que Buko, pero eran otros tiempos) y poco más, esta muy consciente de qu
e la muerte se acerca, pero no parece temerle. Puede volver la vista atrás, y pensar con ironía: solía dormir sobre los botes de basura. Si Buko tuviera un blog, este seria su blog. No, no son las sabias reflexiones de un septuagenario, solo es el mismo viejo hijo de puta aporreando el teclado con la misma mala leche de siempre. Recomendable.